La cultura del “hágalo usted mismo” ha ido transformándose con el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, pero también con las nuevas ideas referidas al hardware abierto y la creación de comunidades cuyos miembros colaboran entre sí para la puesta en marcha de diferentes proyectos.

En este escenario, propicio para la creación potenciada por lo digital, fue acuñado el movimiento Makers. Este término, que se le atribuye a Dale Dougherty de O’Reilly Media, no tiene una definición firme pero quienes adhieren hablan de una generación web que crea cosas físicas en vez de dibujos en las pantallas. O, según los especialistas del MIT Media Lab, una generación que está “tratando átomos como bits, usando la poderosa herramienta del software y las industrias de la información para revolucionar la forma en la que fabricamos objetos materiales”.

En este movimiento existen tres elementos clave:

  • Herramientas digitales para el diseño y la fabricación. La maquinaria industrial se ha automatizado en las últimas décadas, y ahora ese equipamiento lo tenemos disponible en nuestros escritorios. Las herramientas de fabricación de escritorio incluyen impresoras 3D, cortadores láser, escáneres 3D y software tipo CAD. Todas estas herramientas industriales antes caras y complejas están ahora al alcance del maker, y con precios asequibles para él.
  • Colaboración. La posibilidad de generar espacios de diálogo e intercambio de archivos facilitó la creación de proyectos colaborativos o que se valen de la colaboración para compartir ideas, buscar financiamiento o incluso liberar sus desarrollos para que otros los puedan mejorar.
  • Fábricas disponibles para alquilar. Si bien cada vez es más sencillo diseñar, no todos cuentan con la posibilidad de adquirir el hardware o construirlo por sí mismo tan fácilmente. Cuando se piensa en tener un alcance masivo o en producción en masa, la fabricación se convierte en un tema central. Hoy existen fábricas por internet. Sus pedidos están abiertos a cualquier persona y tamaño de pedido, por lo que se simplifica esta fase de producción.

Qué sucede si pensamos en que estos espacios del hacer por cuenta propia pueden entrar en contacto con el los establecimientos educativos. En varios países de la región el avance de la robótica, la programación y la impresión 3D permite pensar en que no estamos lejos de generar espacios propicios para la creación por parte de los alumnos.

Algunos gobiernos están propiciando la inclusión de estos equipos en las escuelas y también convocando a representantes del ámbito público y privado a sumar esfuerzos en pos de la implementación de nuevas estrategias de aprendizaje que contemplen instancias de diseño, colaboración y producción con fines educativos.

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