educación

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En los últimos años, Google ha avanzado en diferentes áreas de la vida cotidiana, por ejemplo la educación, el arte y la cultura en general. En esta ocasión, queremos destacar el proyecto Google Expeditions, cuyo objetivo es crear nuevos recorridos digitales para poder realizar excursiones a diferentes lugares del planeta a los que no todos pueden llegar.

Esta iniciativa se enmarca dentro del programa educativo de la compañía y se combina con la posibilidad de crear contenidos tridimensionales que utilicen dispositivos móviles, realidad y virtual realidad aumentada para enriquecer la experiencia de recorrido.

Uno de los focos de Google Expeditions es brindarle a los establecimientos educativos la posibilidad de recorrer los museos más importantes de todo el mundo, sin moverse de su aula. Por eso, convoca a diferentes instituciones a sumarse a este proyecto y a crear materiales para generar una mejor experiencia de recorrido.

En este sentido, Expeditions se articula con otro de los proyectos de Google, llamado Cultural Institute, en el que la firma ha elaborado sus propios recorridos virtuales por algunos de los museos más importantes del mundo.

En algunos países de la región, se han generado portales web que permiten realizar visitas virtuales a museos y sitios históricos de la historia de cada nación. Por ejemplo, el Ministerio de Educación de la Nación Argentina lanzó el sitio Argentina Virtual, en el que ofrece este tipo de desarrollos al público en general. En este portal se pueden acceder a recorridos virtuales por la Casa de Gobierno, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de Rosario, entre otros.

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Un comunicado de Apple en la tarde del día de ayer confirmaba el fallecimiento de Steve Jobs, luego de una dura batalla contra el cáncer de páncreas. El hombre que revolucionó (y en reiteradas ocasiones) el campo de las tecnología de la información y comunicación había dado un paso al costado como CEO hace apenas un mes y medio, dejando detrás un enorme legado de innovaciones que marcaron el camino de la industria durante los últimos 30 años y llevaron a la compañía, que fundó en 1976 junto a Steve Wozniac y Ronald Wayne, a ser la más valiosa del mundo.

Cada uno de los dispositivos que Jobs impulsó al mercado estuvo orientado a un objetivo principal: el simplificar la vida del usuario. Desde la primera Macintosh hasta el iPad 2, logró que varias generaciones perdieran el miedo a acercarse a las últimas tecnologías. Quizás esta característica puede parecer relegada cuando se subraya al diseño como la principal ventaja diferencial de los productos de Apple, pero la accesibilidad, y las interfaces amigables para el usuario son las verdaderas claves que permiten entender el éxito que tuvieron sus productos en el mundo.

A principios de la década del 80 la Mac provocaba por primera vez no fuese necesario ser ingeniero para manejar un ordenador: la idea que Jobs impulsó ya llevaba el germen de la masividad y la democratización de los saberes necesarios para su uso. Se creó así un nuevo mercado: la computadora salió de las universidades y los centros de investigación, llegó a las empresas, a los hogares y a las escuelas.

Cuando casi tres décadas después se lanza por primera vez al mercado el iPad, nuevamente marca tendencia. Hoy en día, cuando el conjunto de esfuerzos internacionales avanza para que cada alumno tenga acceso a una computadora, la tableta como dispositivo educativo empieza a ganar peso y a rivalizar con la notebook en muchos lugares. En algunos países ya se están impulsando proyectos 1:1 con iPads en el aula, en otros, donde los presupuestos son diferentes, se comienzan a impulsar modelos de tabletas más económicas. El debate que se ha originado sobre cuál el dispositivo más adecuado estará marcando el rumbo en los programas nacionales, y no cabe duda que el trabajo de Jobs ha provocado en gran parte esto.

Jobs reinventó y masificó la industria de la computación, de la música, de la comunicación móvil. Como aparece publicado en el sitio oficial de Apple, “se ha ido un visionario y un genio creativo” y sus aportes serán extrañados.

 
 

Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford durante la apertura del curso de 2005.

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Guillermo Sunkel, Coordinador componente educación proyecto @LIS2 “Diálogo político inclusivo e intercambio de experiencias”, División de Desarrollo Social, CEPAL.
Los planteamientos que aquí se presentan han sido elaborados en presentaciones realizadas por el autor en el marco del componente educación del proyecto @LIS2 que se realiza en la CEPAL con el  apoyo de la Unión Europea.

 

Desde hace un par de décadas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han sido incorporadas en los sistemas educativos del mundo entero con la promesa de brindar mejoras en el sistema escolar. Los países de América Latina han realizado a lo largo de este tiempo importantes esfuerzos para no permanecer al margen de esta tendencia global. A finales de los 80 y principios de los 90 se comenzaron a gestar las primeras políticas y programas TIC orientados a las escuelas.

En América Latina la vía fundamental para la integración de las TIC en la educación ha sido la política pública, principalmente a través de programas y proyectos. Aunque en la actualidad solo un tercio de los países de la región ha diseñado una política formal de TIC en educación, la mayor parte ha desarrollado iniciativas con el carácter de proyectos o programas y además cuenta con una unidad especializada en el Ministerio de Educación que es responsable de su implementación.

En sus inicios los programas de TIC para las escuelas tuvieron una marcada orientación hacia la provisión de infraestructura, principalmente a través de la instalación del laboratorio de computadores.  Este énfasis en los temas de acceso es coherente con el plan de acción de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (WSIS) cuando sostiene que “la infraestructura es central para lograr el objetivo de la inclusión digital”.

Sin embargo, hoy es evidente que el acceso a la infraestructura no es suficiente, que la infraestructura y el acceso tienen que estar íntimamente conectados con aspectos tales como: una propuesta de uso (lo que implica la capacidad de “ejercer” el acceso con cierta frecuencia); el desarrollo de capacidades para dar sustentabilidad de largo plazo al proyecto (involucra formación de docentes, capacitación de los administradores, involucramiento de los padres, etc.); y el desarrollo de contenidos educativos digitales de calidad que los docentes y estudiantes utilizan durante el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Las políticas y programas de TIC para las escuelas que se han implementado en América Latina han estado guiadas por la visión de que las TIC tienen la capacidad potencial de alterar el escenario donde se introducen y, por tanto, que pueden facilitar la revisión y reformulación de prácticas prevalecientes, impulsando cambios y mejoras en las condiciones estructurales del sector. Las expectativas han sido que las TIC contribuirían a enfrentar los desafíos educativos más importantes que tienen los países de la región en materia de calidad, equidad y eficiencia.

El aporte de las TIC al mejoramiento de la calidad de la educación abarca cuestiones diversas como la reformulación de prácticas prevalecientes y  cambios en las formas de enseñanza, las prácticas pedagógicas, el currículo docente, la forma de acceder y adquirir conocimiento y los recursos utilizados, entre otros.  Sin embargo, las evaluaciones de la calidad se centran específicamente en los resultados educativos y, principalmente, en la evaluación del rendimiento académico.  Al respecto, la investigación ha mostrado que la relación entre el uso de estas tecnologías y el aprendizaje no es lineal y que, por tanto, el mejoramiento en los rendimientos académicos no ha sido de acuerdo a lo esperado. La investigación también ha planteado el tema de que las TIC afectan el aprendizaje de otro tipo de habilidades que se requieren para la sociedad del conocimiento (las denominadas “competencias del siglo XXI”).

Por otro lado, se ha hecho evidente que para que las TIC efectivamente hagan un aporte a la calidad de la educación es necesario abordar algunos desafíos pendientes.  Estos incluyen: mejorar la calidad de la formación del cuerpo docente para el uso pedagógico e innovador de las TIC, especialmente a nivel de la formación inicial; definir un modelo de integración curricular de las TIC que valore las posibilidades didácticas de las TICs en relación con objetivos y fines educativos; y generar una mayor disponibilidad de contenidos educativos digitales.

Otra de las expectativas que ha guiado los esfuerzos de TIC para la educación en la región ha sido que ellos contribuirían a los procesos de integración social, evitando la polarización social resultante de la falta de acceso de importantes sectores de la población a las nuevas oportunidades que brinda la tecnología. De hecho, desde las primeras políticas y programas se ha buscado que la incorporación de las TIC en las escuelas tenga “impacto social”, entendiendo por ello su aporte a la reducción de la brecha digital.

Hasta ahora la brecha digital en América Latina ha sido concebida en términos de acceso a la tecnología y, desde ese punto de vista, la escuela ha sido pensada como un espacio estratégico para reducir las desigualdades de acceso.  Sin embargo, investigaciones recientes comienzan a hablar de la emergencia de una segunda brecha digital.  Esta se refiere a la necesidad de considerar no sólo las diferencias en términos de acceso a las TIC y el desarrollo de destrezas de manejo funcional de las mismas, sino también en términos de las capacidades de los estudiantes de diferente contexto sociocultural de dar un uso efectivo de las tecnologías para su aprendizaje. Esta segunda brecha digital distingue entre aquellos que tienen las competencias y habilidades necesarias para beneficiarse del uso de los computadores y quienes no las tienen, competencias que están estrechamente vinculadas al capital social, económico y cultural de los estudiantes.

En consecuencia, ya no es suficiente – como aporte a la equidad – que los programas de TIC en educación contribuyan a la reducción de la primera brecha digital.  Ahora se requiere además que los esfuerzos de TIC para la educación impidan que la segunda brecha digital venga a profundizar las diferencias ya existentes, lo cual requiere pensar propuestas para que las escuelas logren un mejor aprovechamiento de las TIC para el desarrollo de competencias, especialmente en los grupos de menores ingresos de la población. En definitiva, en América Latina tenemos una superposición de brechas pues si bien ha habido avances en la superación de la brecha de acceso persisten profundas desigualdades a las cuales se suman las desiguales condiciones de los beneficiarios para dar un uso significativo a ese acceso las TIC.

Por último, la incorporación de las TIC en la educación también ha ido acompañada de la expectativa que ellas contribuirían a mejorar cuestiones de eficiencia.  En educación la eficiencia se mide en la optimización del uso de recursos para elevar el nivel educacional de la población, lo que se expresa en la disminución de las tasas de repetición, rezago y conclusión de los ciclos de enseñanza. A su vez, ello supone mejorar la “gestión escolar” la que incluye la gestión de los recursos económicos y humanos (profesores, directivos, administrativos, etc.) de los alumnos (matrícula, notas, observaciones), apoderados (antecedentes, comunicaciones), de asignaturas (planificación de horarios) y de la docencia (planificación curricular, monitoreo del cumplimiento del currículum, planes de clase).

La gestión educativa abarca distintos niveles: el nivel del sistema educativo, en el que las TIC permiten la recolección y procesamiento de datos que permiten un monitoreo del sistema (datos de matrícula, asistencia de estudiantes, deserción y repetición de estudiantes, número de estudiantes por profesor, etc.); el nivel de la gestión del colegio, el que es fundamental para que las innovaciones puedan ser llevadas a la práctica; y el nivel de la gestión curricular en la sala de clases, el que permite generar cambios en la forma como se imparte  y organiza el currículum.  Sin embargo, si bien las TIC tienen el potencial para generar impactos en estos niveles no hay evidencia sobre impacto real.  Para aprovechar las TIC en mejorar la eficiencia de los sistemas educativos en estos niveles se requiere generar capacidades para utilizar los sistemas de información.

En síntesis: las políticas y programas de TIC para las escuelas que se han implementado en América Latina han ido acompañadas de grandes expectativas en el sentido que contribuirían a enfrentar los desafíos educativos más importantes que tienen los países de la región en materia de calidad, equidad y eficiencia.  Sin embargo, los avances son relativamente modestos pues cada una de estas dimensiones supone un conjunto de condiciones que no están dadas y, por tanto, representan nuevos desafíos que es necesario enfrentar.  Quizás ya estamos en condiciones – en tanto disponemos de mayor conocimiento – para desarrollar un enfoque integral que permita abordar al unísono los diferentes desafíos para cumplir con las grandes expectativas de política.

Guillermo Sunkel

Coordinador componente educación proyecto @LIS2

“Diálogo político inclusivo e intercambio de experiencias”

División de Desarrollo Social, CEPAL.

Especiales del mes anteriores

El 10 de noviembre de 2010, se llevó a cabo, en la ciudad de Atlanta, el Foro de Competitividad de las Américas. En dicha Ocasión, estuvo presente Eugenio Severin, quien expuso sobre Educación y nuevas tecnologías.

A continuación, les hacemos llegar algunos de los fragmentos de la ponencia que dictó Eugenio Severin sobre la Educación y las TIC:

Un buen profesor, es indispensable e irreemplazable. Cuando se plantea que las tecnologías tendrán un rol fundamental en la educación del siglo XXI, hay quienes interpretan que hablamos de dispositivos tecnológicos, de ‘gadgets’, de fierros, cables y plásticos. Hay quienes creen que se trata de una moda pasajera, que ya se irá, devolviendo la escuela a lo esencial: maestros enseñando a estudiantes. Hay quienes creen que es un invento de empresas transnacionales, enceguecidas por la ambición y el lucro, inventando necesidades que las escuelas realmente no tienen. Hay quienes ven sólo una política marketinera, aprovechada por políticos ingenuos o inescrupulosos. Hay quienes no quieren ver ni saber”.

Cuando hace referencia a los nativos del siglo XXI, Severín sostiene que estos niños son diferentes “(…) piensan rápido, pueden hacer muchas cosas a la vez, no toleran largos discursos, buscan resultados simples y rápidos, se niegan a ser espectadores pasivos, exigen ser actores y protagonistas. Esto es una buena noticia para la sociedad. La ciencia, las artes, y las empresas, demandan de personas con esas características. Los trabajos rutinarios y manuales desaparecen velozmente, y se crean nuevas ocupaciones, donde la clave es la creatividad y la innovación, la flexibilidad, la capacidad de análisis y la comunicación”.

“Las tecnologías en educación deben usarse para mejorar la calidad de los aprendizajes”. Para este especialista, no se trata de que los niños ‘aprendan computación’, sino de ofrecerles experiencias de aprendizaje nuevas, estrategias de construcción colaborativa de conocimiento. “Han sido llamadas también ‘competencias del siglo XXI‘: pensamiento crítico, creatividad e innovación, comunicación y colaboración, entre otras. Una educación que no se propone formal y explícitamente el desarrollo de estas habilidades está dando la espalda a sus estudiantes, les está dificultando su desempeño como trabajadores, como profesionales y como ciudadanos”.

En definitiva, sostiene Severín, la integración de las tecnologías en la educación es un desafío educativo y no tecnológico; y lo fundamental es saber “cómo haremos para que represente una oportunidad, en especial para los más pobres, aquellos para los que la educación tradicional ofrece, precisamente, menos oportunidades”.

En este enlace, podrán acceder al artículo completo.

Eugenio Severin es Especialista Senior en Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Anteriormente, se desempeñó como Encargado de Tecnologías para la Educación en la Fundación Chile (2004-2008) y como Jefe de Gabinete en el Ministerio de Educación de Chile (2000-2004). Es especialista en el uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación en el ámbito educativo.

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Desde el 22 al 26 de noviembre, en el salón de actos del Grupo Santillana, se lleva a cabo las jornadas que se han organizado para la vigésimo quinta edición de la Semana Monográfica de la Educación. El tema a tratar: “La educación en el horizonte 2020″.

La Semana Monográfica de la Educación es una iniciativa de la Fundación Santillana que se celebra en Madrid desde 1986, y que cuenta con el patrocinio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

Juan Carlos Tedesco fue ministro de Educación de la República Argentina y es autor del documento básico que se presentará en la Semana Monográfica de la Educación.  A los asistentes,  se les entregará dicho documento (estará disponible en créditos también para los profesores).

“La construcción de una sociedad justa es un tema central en la definición del futuro… Estamos ante la necesidad de moralizar la especie humana, tarea que excede las posibilidades de la educación escolar, pero que permite colocar la acción de la escuela en el marco de un proceso más amplio…” (Del documento básico elaborado por Juan Carlos Tedesco.)

Por tal motivo, nos pareció pertinente hacerles llegar fragmentos de un artículo que podrán leer en su totalidad en el Diario El País.

“El siglo XXI puede (y debe) ser el siglo de la justicia social. En este escenario, la educación juega un papel fundamental porque en la sociedad de la información y del conocimiento, la condición necesaria para la inclusión social es una educación de calidad. Concebir a la educación como la variable clave en la construcción de sociedades más justas implica superar el carácter puramente retórico que tiene el apoyo a la educación dentro del conjunto de las políticas públicas. Es necesario asumir compromisos reales, tanto desde el punto de vista de la asignación de recursos financieros como de los esfuerzos individuales y colectivos de todos los actores que participan del proceso de enseñanza-aprendizaje: el Estado, los medios de comunicación, las familias, los sindicatos docentes y los propios estudiantes”.

“(…) es importante destacar que resulta mucho más importante el capital social y cultural de las familias que su nivel de ingresos. Las políticas al respecto deberían, por ello, atacar las desigualdades en términos de recursos culturales disponibles en las familias, que permitan mejorar las condiciones con las cuales los alumnos ingresan en la escuela”.

“Una educación de calidad para todos es una educación capaz de universalizar aprendizajes socialmente significativos. El manejo de los saberes científicos básicos es un componente imprescindible en la formación de un ciudadano de la sociedad de la información. Esta es la razón por la cual la formación científica debe estar incorporada al contenido de la enseñanza universal y obligatoria”.

“La alfabetización digital universal, dentro de la cual deben considerarse las políticas basadas en la idea de un ordenador por alumno, se justifica mucho más desde el punto de vista de la inclusión social que desde la perspectiva pedagógica. (…) Con respecto al uso del ordenador como recurso didáctico, en cambio, existe mucha mayor discusión. Al respecto, no se trata de negar la potencialidad democratizadora o innovadora de las nuevas tecnologías sino de insistir en que el ejercicio de esas potencialidades no depende de las tecnologías mismas, sino de los modelos sociales y pedagógicos en los cuales se inserte su utilización”.

“Sin pretender ser exhaustivos, es posible mencionar al menos cuatro aspectos que han sido identificados en los casos de experiencias exitosas para romper el círculo de reproducción de la pobreza en el ámbito escolar: la existencia de un proyecto, que puede ser de la institución y del equipo docente; la capacidad para elaborar una narrativa que explica las razones por las cuales el equipo hace lo que hace, la confianza en la capacidad de aprendizaje de los alumnos y el compromiso y la responsabilidad por los resultados, que no permiten ser indiferente ante los síntomas de fracaso escolar de los alumnos”.

“En síntesis, para construir una sociedad justa es fundamental apostar por una educación de calidad para todos. Pero lo inverso también es importante: solo tendremos una educación de calidad para todos si queremos construir sociedades más justas”.

En el siguiente enlace pueden acceder al programa de la XXV Semana Monográfica de la Educación.

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